domingo, 27 de noviembre de 2011

7: El juramento - Surcando los tiempos

Como de costumbre, tras el almuerzo, los anglosajones se pusieron con sus lecciones de español:
- ... bien, de yo es me, de es te, de él, ella, ello, ellos, ellas, usted o ustedes, es se, de nosotros es nos y de vosotros es os. ¿Lo comprendes, George? -explicaba Stephen, y esta última pregunta la formuló en la lengua de Cervantes.
-Sí, Stephen, lo comprendo perfectamente -respondía George en el mismo idioma.

Esa misma tarde estuvieron viendo la construcción de la Gran Pirámide de Keops. Era un trabajo conjunto de tantas personas tan bien coordinado, que los absorbió por completo. A diferencia de lo que los anglosajones esperaban ver, no vieron largas filas de esclavos con hombres con látigos acompañándolos y que trabajaban en condiciones infrahumanas. Vieron que trabajaban arduamente, pero que lo hacían casi con gusto, y con unos horarios y descansos que, teniendo en cuenta la época y la civilización, resultaban muy adecuados.
    Cerca de las pirámides, había un gran barrio, donde, según explicó el amo, vivían todos los esclavos que estaban trabajando.
    A las 20:00 PM se quitaron las gafas y volvieron al Vacío Interdimensional. El amo se metió en su habitación, y los anglosajones retomaron sus lecciones del idioma de Cervantes:
-... Aquella travesía de ochocientas millas sobre una embarcación de veinte toneladas constituía una expedición muy arriesgada, especialmente en aquella época del año. Los mares de China suelen ser peligrosos, ya que están expuestos a terribles ráfagas de viento, principalmente durante los equinoccios, y todavía se encontraban en los primeros días de noviembre -leía George en voz alta. Era un fragmento de La vuelta al mundo en 80 días.
-¡Perfecto! Pronuncias mejor que yo, jaja.
    Después intentaron mantener una conversación simple en español, y lo consiguieron.

Cuando dieron las 21:00 PM del, recordemos, 24 de agosto en la Realidad 0, 19 de julio en la Realidad Idílica, los anglosajones se quedaron más que muertos: ¡el amo había salido de su habitación acompañado de Adolf Hitler! Primero, el amo dijo en alemán, y los anglosajones no lo entendieron:
-Mein Führer, bitte, ich werde sprechen in Englisch jetzt -mi señor, por favor, ahora voy a hablar en inglés.
-Gut so -vale, se limitó a responder Hitler.
    Y luego, les explicó:
-A ver, resulta que yo hice que Alemania ganara la Segunda Guerra Mundial dos veces, o sea, que hay dos realidades diferentes en las que eso ha pasado. En la que el tope está ahora mismo en 1946, me hice amigo de Hitler, como podéis ver, y la que tiene el tope en 2011 es mi realidad idílica. En ambas realidades han ocurrido cosas diferentes, y me temo que cuando la realidad que tiene el tope en 1946 lo tenga en 2011, no será comparable a mi realidad idílica.
    Después se pusieron a cenar. El amo había puesto para él y para Hitler una exquisita cena vegetariana. Los anglosajones estuvieron callados, pero el amo y Hitler conversaban muy animadamente, y hasta reían.
    Hitler estuvo con ellos casi hasta las 22:00 PM. Cuando se fue, el amo se despidió de él haciendo el saludo romano.
-También soy amigo de Julio Verne -les dijo a los anglosajones el amo-. Mañana almorzará con nosotros. ¿Domináis el francés?
-A medias -dijeron los anglosajones.
-Bueno, algo podréis decirle a este gran genio.
    Se acostaron pasadas las 23:15 PM. Esa noche no se durmieron con tanta facilidad, ya que lo hicieron después de que el amo hubiese tocado siete bandas sonoras diferentes. La última que escucharon antes de dormirse fue la de Gladiator.

Al día siguiente, 25 de agosto en la Realidad 0, 20 de julio en la Idílica, se levantaron a las 8:00 AM. Tras el desayuno, se vistieron adecuadamente y viajaron otra vez a la Antigua Roma, pero esta vez a una copia de la Realidad 0, y desde las 9:30 AM a las 13:00 PM, estuvieron viendo unas luchas de gladiadores y unos combates navales entre pequeñas embarcaciones. Para estos últimos, no se llenó el Coliseo (se encontraban, por supuesto, en el coliseo de la ciudad de las siete colinas) de agua, sino que, lo que posteriormente iba a ser el hipogeo, se llenó de agua, y ahí, en ese espacio reducido, se libró una batalla naval a pequeña escala, pero que a todos les resultó alucinante.
    Lucía un sol tremendo, pero el velarium [1], que vieron cómo fue desplegado por los marineros de la flota romana, los protegió a todos del astro rey.
    Cabría esperar que un velo de sensibilidad actual hubiese cubierto los ojos de los viajeros temporales, especialmente de los anglosajones. Sin embargo, no fue así, y vivieron y disfrutaron todos los espectátulos igual que cualquier ciudadano de Roma.
    Cuando a las 13:00 PM regresaron a la Cronos, el amo se metió en su habitación, y los anglosajones se pusieron inmediatamente con sus lecciones de la lengua de Cervantes.
-... es muy previsible, será igual que ayer, cuando vino Hitler. A ver, George, dime en español qué es lo que va a pasar a la hora de comer.
    El inglés lo pensó un poco, y luego lo dijo:
-Julio Verne y el amo saldrán por la puerta.
-¡Excelente! -lo felicitó Stephen.
    No se equivocaban. A las 13:00 PM, el amo salió acompañado de un hombre maduro, con barba, vestido muy elegantemente y con el pelo un poco alborotado: Julio Verne.
    Verne dirigió durante el almuerzo un auténtico interrogatorio al amo, pues quería saberlo todo: qué era la antimateria y cómo se producía, cómo era el cronolio, qué mecanismos tenía la Cronos para regular su temperatura y su presión atmosférica, cómo funcionaba el superordendor... el amo intentaba contestar pacientemente a las preguntas que el francés le dirigía, pero algunas no las podía contestar, bien porque él ni siquiera sabía la respuesta, o bien porque era algo que él mantenía en secreto. Cuando el amo no le contestaba, Verne se mostraba frustrado.
    Julio Verne se fue, sin apenas haber probado bocado, pasadas ya las 14:00 PM.

Stephen le preguntó al amo a las 14:30 PM:
-Oiga, ¿tiene intenciones de viajar en el tiempo esta tarde? Porque si hoy vamos a ver el juramento, creo que a George le vendrían bien unas lecciones intensivas de su idioma, amo.
-Vale, sin problema -se limitó a responder el amo.
    Diez minutos después, el amo les dijo, con palpable ironía:
-¿Sabréis comportaros si me ausento unas horas? Es que tengo que hacer una cosa para que podamos ver el juramento.
-Delo por hecho -contestó George.
-Pues nada, hasta dentro de un buen rato.
    Y, dicho eso, dejó las gafas sobre la mesa de los sillones y se fue por la compuerta delantera izquierda.
    Picados por la curiosidad, los anglosajones interrumpieron sus lecciones y se pusieron a mirar por las gafas para ver dónde y cuándo los había dejado el amo. Suponían estar en algún lugar de la Realidad Idílica, pero en realidad estaban en el año 600.000.000 a. C., sobrevolando el suelo a una altura de trescientos kilómetros y a una velocidad de apenas quinientos kilómetros por hora, por lo que podían distinguir perfectamente la forma de los continentes de aquella época.
    No estuvieron mirando más que cinco minutos, y luego siguieron con sus clases.
    A las 17:00 PM, el amo volvió.
-¿Dónde ha estado? -le preguntó George al amo en la lengua de Cervantes.
-Poniendo micrófonos y cámaras en el juzgado para que podamos ver el juramento contestó el amo con su acento almeriense-. Como es lógico, nosotros no hemos tenido nada que ver con el suceso por el que se celebra el juicio, así que no podemos entrar en el juzgado. Pero eso no es problema: con mis microcámaras y mis «micro-micrófonos», jajaja, de ingente capacidad de registro, lo veremos y oiremos todo mejor que si estuviéramos allí.
    Stephen tuvo que echar mano al diccionario para saber el significado de la palabra «ingente». Lo hizo mientras el amo se preparaba un té rojo y se iba a su habitación. Luego, continuó con las lecciones intensivas para George.
    Cuando eran las 18:00 PM en Greenwich (recordemos que en España hay una hora más que en dicha ciudad), se acomodaron en los sillones de orejas, con las gafas puestas y unos auriculares colocados, y se dispusieron a disfrutar del juramento.
    La estancia en que se estaba celebrando el juicio era perfectamente cuadrada, con un lado de treinta metros. Empezando desde el fondo, primero encontrábamos dos grupos de bancos, de diez filas cada uno, y separados el uno del otro por un pasillo de algo más de un metro y medio, de forma que recordaban a una iglesia. Entre los bancos y el estrado había un espacio de unos tres metros de ancho, y que iba de una pared del juzgado a la otra en cuanto a longitud. En el centro de ese espacio, y uniendo las puertas que había en cada pared, había una alfombra roja de terciopelo.
    El amo había colocado una cámara en el techo, una en cada extremo de la alfombra roja, en la puerta, y una en la puerta del fondo. El micrófono estaba en la araña del techo.
    Se tuvieron que tragar dos horas de aburrido juicio (Stephen se durmió y todo), hasta que el testigo declaró. Justo después de eso, por la puerta izquierda salió Lucía. Iba vestida con un centelleante vestido rojo de tirantes que le llegaba hasta poco más abajo de las rodillas. Iba descalza, mostrando sus pies egipcios [2], y tenía las dos manos juntas, pegadas al cuerpo y a la altura del estómago, con las palmas hacia arriba. Sobre ellas llevaba un ejemplar de Mein Kämpf.
    Se fue hasta donde estaba el testigo y lo miró fijamente. Luego, él cogió el libro, se lo puso con la mano izquierda sobre el corazón, se giró para mirar al juez, y dijo:
-Juro solemnemente, por Mi Lucha, por las 14 Palabras de Lane, por la doctrina Nacionalsocialista, por Adolf Hitler y por mi Raza, que el testimonio dado por mí en este juicio es totalmente verídico.
    Luego, saludó al juez con el brazo en alto, mientras hacía chocar los talones y gritaba «Sieg Heil!». Le puso otra vez el libro a Lucía sobre las manos, y ella se fue hacia la otra puerta, por donde salió.
    El juicio terminó poco después. Les dijo el amo:
-Y esto es el juramento NS. Supongo que esperabais algo más, pero ya está, eso ha sido todo.
-Es muy simple -comentó George-, pero lleno de significado y, cuanto menos, original. ¿Cuándo y cómo apareció?
-La pérdida de fe en la Iglesia también se ha dado en mi realidad idílica, de manera tanto o más acusada que en la Realidad 0 -explicó el amo-. Eso, y que más del noventa y siete por ciento de los adultos alemanes del año 1997 se declarasen abiertamente nacionalsocialistas, motivó que se cambiase la acción de jurar por la Biblia en los juicios alemanes por la de hacer un juramento igual que el que acabamos de ver. En unos meses, casi todos los países de raza blanca habían adoptado el juramento Nacionalsocialista.
    Después de ver el juicio, se dieron simplemente al ocio: George se puso a jugar al tetris con las tabletas del amo, y éste y Stephen se pusieron a jugar a las damas. No jugaron al ajedrez porque eso habría sido igual que si tú o yo hubiésemos jugado contra Kasparov, siendo tú o yo Stephen, y siendo el amo Kasparov. Jugando a las damas, estaban mucho más igualados: no en vano, acabaron en tablas.
-Oiga, amo, ¿por qué tiene todos esos cuadros ahí? -preguntó el americano después de quedar en tablas, señalando la fila de cuadros que empezaba con Las Meninas.
-Nada más fácil: porque son mis favoritos. Mi favorito es el de Las Meninas, sin duda. Me cautiva su perfección.
    Cenaron a las 21:00 PM, como siempre. Después de eso, los anglosajones le pidieron al amo que les dejara de nuevo otra noche para irse por ahí, a divertirse. A Las Vegas, por ejemplo. El amo, después de decirles que estuvieran de vuelta antes de las 0:00 AM del que ya sería el 26 agosto en la Realidad 0, 21 de julio en la Idílica, los dejó ir de nuevo a la ciudad de los casinos. Él, igual que la otra vez, permanecería escondido en una cueva, en el desierto. Mencionaré que el amo los dejaba en una copia de la Realidad 0, el día 20 de julio de 2011, a la misma hora que era en el Greenwich del tope de la Realidad 0.
    Esa noche, ocurrió algo totalmente imprevisto.

1: El velarium era la cubierta plegable que había en el Coliseo de Roma y que se usaba para proteger a los espectadores de los elementos.
2: En podología, los pies se clasifican de acuerdo a cuál sea el dedo más largo. En el caso de los pies egipcios, el más largo es el pulgar, y los otros cuatro le siguen en largura de forma descendente, siendo así el meñique el más corto.




7 comentarios:

Leona catalana dijo...

Hombre, el primer párrafo resulta pelín extraño, ya que si es algo tan básico, no se entiende que George sea capaz de responder como si nada.

Oye, he intentado seleccionar una frase y no he podido.
Esto no me gusta nada, no me parece normal.

luispihormiguero dijo...

@Leona catalana:

¿Cómo que extraño? Le está diciendo los pronombres personales átonos, y George, que ya tiene cierta base de español, le responde. ¿Qué hay de raro ahí?

No has podido seleccionar la frase, porque tengo un complemento de HTML que deshabilita el botón derecho, para evitar que los mangantes hagan de las suyas. Simplemente, di en qué parte del texto está esa frase. ¿Es eso lo que no te parece normal, o te referías a otra cosa?

Leona catalana dijo...

No, simplemente esto, que no haya podido seleccionar una frase, por eso de usarla para responderla.

Pero veo que en el anterior capítulo no está mi comentario sobre la alimentación vegetariana :(
Lo vi publicado, conque su desaparición es inquietante.

Qué quieres que te diga, no me parece muy normal este blog, dificulta mucho la participación.

luispihormiguero dijo...

@Leona catalana:

A ver, mujer de Dios, tu comentario está publicado. ¿Es ese en el que empiezas diciendo que Eric se alimentó de yogures desnatados? Ocupa veinte líneas, no es tan pequeño como para no verlo, jajaja.

luispihormiguero dijo...

@Leona catalana:

Y, por cierto, claro que mi blog no es normal. Si el dueño es más raro que un perro verde, ¿por qué el blog iba a ser normal?

Leona catalana dijo...

Ahora sí que lo he visto otra vez. Te aseguro que el jueves 22 no estaba porque como tú mismo dices, no es corto precisamente...

Será cosa del blog :(

luispihormiguero dijo...

@Leona catalana:

Cuando pones un comentario, dice claramente: «Es posible que su comentario tarde unos minutos en aparecer en la entrada original». ¿No sería eso, más bien?